Shura + Fujiya & Miyagi, en Teatro Barceló. Sound Isidro, Madrid, 5 de mayo de 2017

A uno se le pasa por la cabeza la idea de restaurar la esclavitud para obligar a Fujiya & Miyagi a seguir tocando sus genialidades machaconas y obsesivas hasta el colapso. Así de buenos son y así de bien suenan. Ejecutan una mierda irresistible con pachorra de paisanos en el pub, antes siquiera de la segunda pinta. Y suenan tan sofisticados que casi me pregunto dónde cojones guardan los trajes de astronauta y los complementos de plata y naranjas eléctricos. Pero son ellos, carne, hueso, dolor de espalda y canciones que pondrían a follar al ser menos sexual del vecindario.

Shura podría haber inventado el gangsta-pop si no fuera porque Madonna se le adelantó tres décadas. pero esa mezcla de fragilidad adolescente, arrogancia herida y sentimentalismo para pista de baile (aunque no pueda toserle a Robyn) tiene seguidores, haters, maripuris y un toque de pasión y de plástico que merece el aprobado y la atención. Su música (su personaje) tiene la autenticidad que se puede tener en un siglo que ha olvidado el tacto y prefiere disfrutar de buenas mentiras y no de gruesas verdades. Y Shura es un alma perdida, virtual y rota en esa suerte de infierno de mala cobertura que vivimos.