Lázaro: Soles y Pingüinos (2016)

Es obvio que Lázaro ha entrado en la órbita de Havalina, o mejor dicho de Manuel Cabezalí, que ha descargado todos los conceptos sonoros que le rondan por la cabeza en el proyecto de la banda de Nieves Lázaro. El folk grave que crean, intentando acomodarse al rock atmosférico que propone su productor, hacen una suerte de silenciosa riña de gatos para crear un híbrido de canciones simples, con pasajes sofisticados. Hacer que la voz de Nieves suene bien y suene dentro del cuadro es de entrada un fracaso y una nota chirriante, que se clava en los oídos desde los primeros segundos de reproducción, y es el obstáculo que tendrá que superar la banda para no repetir discos de escucha dura.

Porque Soles y Pingüinos termina por ser un disco agradecido. Bien tocado, bien planteado, bien compuesto. Discutiblemente cantado, pero hijo de la inquietud de una madre testarada, una banda bien avenida y un productor astuto. Cuando el oído aburguesado deja de incordiar desde el palco los pingüinos empiezan a caminar con majestuosa gracia y ramos de flores sangrientas, en un paraje de tinieblas y criaturas de las que conviene estar prevenidos. La caja fea de Lázaro lleva un zoológico de color y salvajismo dentro, incluso alguna locura de posible fidelidad a su propia marca, como son Las Noches Huecas y Moras Negras. Y cierto, cuesta: mas compensa.

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