Betamotion. Believe me, this is music (2013)

No hay nada que destaque clamorosamente en la música de Betamotion, ninguna virtud de la que no éramos conscientes, ningún poder escondido que los convierta en una violenta revelación. Salvo dos cosas: una que son víctimas de la incomprensible inexistencia de una industria musical dedicada al entretenimiento y dos, que han logrado sorprenderme.

Si hubiera discográficas entregadas a encontrar el mayor público posible para un puñado de músicos, probablemente estos madrileños no estarían persiguiendo blogueros desconocidos para darse a conocer. Sencillamente, alguna de sus canciones seduciría a muchísima gente y algún gordo ejecutivo sería feliz con las cuentas cuadradas. Y ellos, hubieran tenido la oportunidad que tanto merecen y que seguramente aquí no disfrutarán. Su música es un pop-rock de estructuras claras con cierto toque nostálgico y algunos aromas negros que podrían levantar el día más gris o animar el atasco de todas las mañanas. Suficientemente sofisticados para exhibirlos con cierto orgullo, saben crear buenas canciones y las dejan con los adornos justos, los más eficaces, para que su paladar y sus estribillos hablen por si solos. Y el oyente sencillamente descubre que los adora. Fácil, ¿verdad?

Y aparte de ello, creo que hay algo más en ellos. Un sabor a viejo francamente delicioso y que, si mi criterio estuviera mejor alimentado, reconocería inmediatamente. Pero no es así, y es ese déjà vu tan interesante que me van dejando mientras avanza el disco, lo que me ha animado a escribir sobre ellos. Sencillo, también: emocionan, suenan viejos, y sabios. Y son a la vez muy fáciles y muy difíciles de explicar. Tal vez que hayan elegido a esos usurpadores grandiosos que eran The Doors para una de las versiones, sea la imagen que haga atisbar a qué me quiero referir.

(Believe me, this is  music de Betamotion sale a la venta el próximo 21 de diciembre).

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=QGJnSuFzHjQ]