Experimental Little Monkey. Fringe Madrid. Matadero de Legazpi. 18 de julio de 2013.

Deliberadamente arcaicos, ELM (o Experimental Little Monkey) me transportan a esas producciones preciosistas, de ambición medida, tristeza implícita y resultados sorprendentes que hacían algunos cantautores en los setenta, cuando se sabía hacer música pretenciosa para las masas sin que se notara demasiado. Aute, en particular, con su oportunista Al Alba y el maravilloso Sarcófago (sobre todo este último). Aunque ELM añaden el gusto por los efectos, por los prefacios y los epílogos, por la retórica y el juego, más una narrativa entre esos extremos de arrebato fluida, muy de trovador a la tradición. Todo ello, por supuesto, con las maneras de unos chicos barbudos de principios de tercer milenio.

El caso es que saben emocionar. Que sus estrofas irrumpen como delicadas sorpresas después de habernos sensibilizado los oídos con instrumentales alargados hasta ese instante que despiertan todas las capacidades escondidas de nuestros músicos interiores y de repente… no creo que haya nada perverso en esa suave avalancha casi-pop; y sin embargo te hacen sonreír pensando que son unos pícaros.

Su motivo parece el desarrollo de las canciones, el hecho de tocar juntos; algo que se hace patente cuando estas casi no existen y sin embargo escupen una de las piezas más enérgicas y extrañas detrás de una premisa casi premonitoria: Me aburres. Hacer ese algo a partir de casi nada, es el maná para muchas bandas y ellos aprovechan esa fecundidad sin dudarlo.

Lo raro es cuando toca etiquetar. Propongo Folk con pedaleras, o Quinteto de cables para niños.

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