El zoo de lentejuelas

Rosvita viene a ser un zoo psicodélico, una pequeña locura perfectamente organizada, más silvestres que rabiosos, ruidosos, excéntricos, saben demostrar que tienen una cabeza musical, a pesar de todo ese derroche de salvajismo primario que es su directo. Su mayor defecto es su falta de repertorio, nos han dejado con la miel en los labios después de algo menos de una hora de actuación, con el público cada vez más entregado. Han logrado conectar con la gente, a pesar de no ofrecer precisamente una propuesta fácil, tal vez por ese color básico, escandaloso que lucían. Consiguieron que nadie apreciara las formas complejas, la estructura extraña, elaborada de sus canciones. Nos llevaron de la mano por el camino de lo bestial, y aceptamos su circo mutante, como niños engatusados. Y nos dejaron, enfurruñados, cuando la diversión se terminó, en el mejor momento.

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