Las virtudes menos cristianas

Debía ser la tarde de los pecados, y cada uno cometió el suyo. El de los integrantes de la manifestación laica, un maremágnum de sensibilidades que, sobre todo, destacaban por la ausencia de uniformes, fue una pueril falta de inteligencia, que les llevó a entrar a saco a cualquier provocación de los hiperhormonados jóvenes cristianos. El pecado del otro “bando” (qué poco me gusta esa palabra, y qué miedo me da) fue el de la arrogancia, sobre todo. Por alguna extraña razón, creyeron que debían enfrentarse a un enemigo que en realidad, no lo era de ellos, y consiguieron partir en tres la marcha laica: en Sol se quedaron unos cuantos respondiendo a las provocaciones de los JMJ, en Sevilla, otra porción. La cabecera de la manifestación se debió encontrar de boca con la cola que todavía salía de Tirso de Molina y abarrotaba la calle Carretas. finalmente, enfrentarse a unas provocaciones cuanto menos pueriles, desinfló parte de la manifestación, aunque la asistencia ha sido incuestionable y seguramente ha superado las previsiones de los organizadores.

Los puntos oscuros, son sobre todo la extraña indecisión de la Asamblea de Sol, una especie de rescoldo que queda de la época de la acampada, que tarde o temprano se convertirá en el mayor obstáculo para el desarrollo del movimiento 15-M, si siguen aferrándose al símbolo Sol igual que los gays al símbolo Chueca. Su peculiar manera de favorecer las minorías de bloqueo, la presencia de grupos (demasiado) cristianos, saboteando cualquier medida que suponga reivindicar cualquier tipo de laicismo, puede convertirse en el punto oscuro de todo el movimiento. Algunas Asambleas de barrios estaban presentes en la marcha, y es previsible que con el tiempo, Sol se quede aparte del resto de sus hijas, como un padre gruñón, obsesionado por sus batallitas.

La otra gran sombra de la tarde, la actitud infantil de los jóvenes peregrinos (las fotos son ilustrativas). Realmente, al final pagaron justos por pecadores, puesto que mucha gente se lanzó a increpar a todo el que llevaba la mochila colorida, al grito de “esa mochila la he pagado yo”. Entiendo que ya estaban las cosas en un punto de exaltación difícil de llevar, pero insisto: la falta de astucia, una planificación adecuada de algo que era previsible, con un Madrid cortado para los peregrinos por parte del ayuntamiento, hubiera evitado escenas desagradables. Sencillamente, ignorar y darle la espalda a los provocadores, y dejarlos con su rabia y su odio contra los infieles, y sin empezar a darse cuenta que han adulterado hasta la parodia el mensaje original de su mesías.

Pero, claro… no podemos tener todo.

 P.S.: No me paré en Sol, ni por supuesto le dí pábulo a las provocaciones de los peregrinos católicos. Esta mañana, he sabido que hubo cargas policiales porque buena parte de la manifestación laica, se quedó en la plaza/símbolo/mantra semi-sagrado del 15-M. Lo cual viene a confirmar que la obsesión por sacralizar un lugar puede ser la perdición del movimiento ciudadano más potente que ha tenido la democracia española. Sol es una plaza, es un lugar donde vive gente, trabaja gente, donde muchos pasan a comprar, o a su lugar de trabajo (bajo tierra), o a hacer turismo o a quedar con los amigos. Sol no es propiedad de nadie, ni es un símbolo de nada; el símbolo del 15-M es la gente llenando ese lugar porque la noche anterior la Policía desalojó a 200 personas pensando que nada iba a pasar. Y eso podría haber sucedido en Sol, en Tirso de Molina o en la Plaza de Oriente. Da lo mismo. En el momento que creamos esas obsesiones por los recintos sagrados nos convertimos en el embrión de una futura iglesia, y nos aferramos a algo tan estúpido que olvidamos los objetivos de verdad, los importantes.

Respecto a la brillante idea de dejar que los peregrinos se acercaran a la marcha laica, me da que pensar, y mucho. Realmente era fácil reventar la manifestación y convertirla en el enésimo caso de violencia. Y la verdad, fue sorprendente que no sucediera nada y que la batalla fuera, como siempre, entre policías y manifestantes. Hoy, no hablarán de éxito, sino de disturbios. Ya lo decía anoche: hay que ser más inteligente.

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