Cyndi Lauper, que estoy en los cielos

Si toda marica que se precie debiera tener eso que se llama “cultura gay”, Cyndi Lauper debiera estar en la lista de obligatorios, junto a Grace Jones, por supuesto, y Kylie Minogue. Madonna, es prescindible, Björk es deseable, y los Pet Shop Boys son matrícula de honor. Por supuesto, la que conoce a Liza Minnelli, ya es una marica de élite.

Bien, esta noche he cumplido con mi lista de “to do” sobradamente. Lo mejor, Cyndi ha hecho su parte y además, lo ha hecho dejando a sus pies al público madrileño. Incluso, algún paño de lágrimas con su momento solidario: lo que no tengo claro es si la lacrimosa se lamentaba por los socialdemócratas noruegos, o por Amy Winehouse… o todos a la vez.

No es cuestión de ponerse frívolos, máxime cuando hemos abandonado una manifestación del 15-M por culpa de una de las reinas invisibles del pop, metida a diva de la música negra, dando lecciones de clase, de voz, al colectivo de advenedizas. Si Grace se marca su Slave of the Rhythm con el hula-hop, Cyndi recorre el escenario unas 1.500 veces mínimo, más el foso dos, más las gradas otras dos, y no se marchó a cantar a los de la terrazas de la acera de enfrente, porque seguramente el micro inalámbrico no daba para tanto, y hacía un frío de cojones en la Casa de Campo a esas horas. Y la voz, ella lo sabe, hay que cuidarla.

Y, para los curiosos, debo decir que no me corté la coleta. Mis lágrimas, por cierto, no estaban incluidas en la apuesta, de manera que no hay amañados por ningún sitio. En este lado del Turia, no comerciamos con trajes. La solución del misterio debiera estar en la crítica de Zona Musical, pero como soy lo peor… he tardado cuatro días en añadir el enlace.

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