Mercedes Peón, convenciendo

La historia del ciego Pablo, deslumbrado por la verdad divina, es la de un servidor en el concierto que ha dado Mercedes Peón esta noche en Madrid. La del crítico torciendo el gesto, cuánta ensalada cuánto colorido, todo tan moderno, qué difícil creérselo. Por los cojones. Ya no porque hiciera unos cuantos alardes con su peculiar voz, el nexo con las raíces gallegas, sino por ese sentido del ritmo tan contemporáneo, tan apegado a la filosofía del baile, del hedonismo; y, claro, esa parte comprometida y cosmopolita, que no entiendo bien por qué cuesta tanto hacer que suene natural: supongo que años soportando a Amparanoia y a Rosana tenían que pasar factura, hasta el punto que las buenas intenciones no son suficientes para hacer creíble un concepto artístico basado en el compromiso social. Ni por qué nadie se plantea la buena fe o la validez de un artista que decide proclamar que es de derechas y sin embargo, todo lo que suene progresista, debe pasar dos o tres exámenes de autenticidad. Supongo que ser un facha, es fácil; cambiar el mundo tiene su truco y cuesta creerlo. Y claro, hay que llegar con los deberes hechos.

La Peón, esta noche, lo ha conseguido. la ovación cerrada del público al final, las bailarinas desinhibidas en medio de la actuación… todo parecía ir conjuntándose a su favor. Y, con una parquedad tan propia, aprovechó el tirón y echó el resto.

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