Detrás de la oreja

Nubla es una banda incómoda, porque la sinceridad que parecen rezumar tiene un sabor postizo, impostado. Su principal valor se desmorona con un toque, y de repente lo único que queda, como una verdad ineludible, son las canciones, o mejor dicho, la calidad de las canciones. Y, de nuevo, volvemos al principio: demasiado perfectas, de repente falta la emoción, las escuchamos como el que contempla un delicado joyero del siglo XIX en una exposición a las que nos llevaron a empujones. Por lo tanto, tampoco sirve. Nos quedan los  músicos y la propia protagonista, Luciana Carlevaro, con esa voz medio de pito que realmente es la puerta de entrada al mundo de Nubla, porque, precisamente, es imperfecta, y por lo tanto, es ella y es verdad. Eso para lo pejigueros, por supuesto. Los fans, los que disfrutan de un folk lírico, sencillo y brillante sin más quebraderos de cabeza, descubran a Nubla. Los del perroflauta y los ecoterroristas, mejor absténganse. La cultura no está lista para soportarlos.

La crónica de Zona Musical, aquí.

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