Recuperando el blues

No parece complicado llenar de rockeros y curiosos una sala cuando vas a presentar un auténtico trabajo de arqueología musical en la voz y las manos de músicos vivos, que lejos de haberse convertido en estrellas, han conservado la esencia de su trabajo, la pasión y la bohemia. Todos ellos oscilaban entre un orgullo fascinante y una fragilidad enternecedora, pero siempre demostrando un saber hacer que puede terminar con cualquier escéptico. Unos chavales, como decía el presentador, dispuestos a disfrutar, encerrados en sí mismos como Doctor Burt, que rasgaba de manera magistral su guitarra de doce cuerdas mientras entonaba odas al desamor con voz fascinante, o abiertamente provocador, casi de un feminismo de rompe y castra, al estilo de Berverly “Guitar” Watkins, una guitarrista agresiva que podría dejar reducido al gatillazo a cualquiera de los chulitos del rock. Pero también teníamos al diminuto y sofisticado Eddie Tigner, que merece una banda y un local nocturno para él solito o al presuntuoso Alabama Slim, un guitarrista rotundo y cantante diabólico, capaz de arrastrarnos a lo más bajo con su estilo. Y, cómo no, la inmensa Pat “Mother Blues” Cohen, hermana de Aretha Franklin, un terremoto que se cuela entre el público sin previo aviso para montar un pequeño club de baile y cantar entre los danzantes. El efecto de las plumas azules, que servidor también notó. La Music Maker realmente no está recuperando nada, nos está enseñando el origen de todo lo que hoy conocemos como música negra… incluso en algún momento, llegué a escuchar compases cercanos al disco, es decir, nos encontrábamos delante de la madre del cordero.

La Music Maker Relief Foundation en Zona Musical

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