El raro que quiso ser raro

Cuando un artista intenta mostrarnos un mundo complejo, cargado de variedad de influencias, distinto y elaborado, todos los escepticismos se disparan. Al menos eso me sucedía a mí anoche con Refree, intentando ver detrás de esa máscara de buen rollo algún tipo de mala voluntad, algún arrebato gafapastil. Y, lo siento por aquellos que quieren leer ese texto afilado que destroza a otro candidato a estrella indie, pero no hubo manera. Refree es como quiere ser y, lo mejor de todo, sabe cómo hacerlo. Reconoció que sin la banda que llevaba acompañándole hubiera sido imposible hacer la gira de su último disco, “Matilda” y bien claro quedaba al escucharlos. Supo conciliar la (casi) suavidad aterciopelada de las guitarras, los banjos y demás cuerdas, con un sonido sofisticado y lleno de detalles, incluso con aires sicodélicos, aportados por el batería/percusionista y, sobre todo, por un teclista que tampoco quería ser teclista, y que detrás de sus instrumentos de alquimia conseguía darle un toque espacial y diferente a todos los temas. Que, además, se colgaba el acordeón, y regalaba los mejores momentos de melancolía. En resumen, que todo esto no iba de etiquetas, sino de música. Y que la música, a veces, quiere ser distinta. Nada más.

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