La primera cartilla

Maya es un híbrido incomprensible y rasposo, una pose rara, una imagen poco coherente y una fuerza inaudita, feroz, al lanzar las canciones contra el público. Una banda que no sabes por dónde pueden salir cuando aparecen sobre el escenario y que te hacen reaccionar como el que ha recibido una bofetada. Todo lo que parece que va a ser barroco y oscuro, es amateur y directo, trágico, sólido. La peor ejecución, y la teatralidad más elaborada, en apenas unos acordes y unos toques de batería. El milagro, sin la creación.

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