Las formas de la alegría

Anoche fue su noche. Lo celebró anticipadamente, y se notaba, pero no mucho. Digamos que tenía “esa mirada”, entre felicidad e incredulidad, porque la sala estaba llena y las ganas, repletas. No se comportó como una perdida Amy, todo estuvo bajo control, salvo un tropezón que casi lo manda al suelo y que no pasó de un motivo para la sonrisa. Todo el aura de depresión amorosa que tiene su Herida Universal quedó soterrado detrás de las ganas de darle al público caña, que salieran agotados y contentos. Lo consiguió… hasta que no empezó a sonar música de fondo, no dejaron de corear “otra, otra”.

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