Sobrevivir a las matemáticas.

El set-list y una interminable lista de instrucciones estaba ordenadamente pegado a los pies del sitio de Alison Goldfrapp. A la izquierda, un termo, un vaso. Los puestos de los músicos, impecables, ordenados, con sus listas pegadas al suelo con cinta adhesiva. Todo simétrico, brillante. Todo preparado para que nada fallase, y nada falló. La voz de Alison, perfecta, el trabajo de los músicos, intachables, el sonido de las canciones, bruñido hasta la paranoia. Podría haber sido un espectáculo tan insulso, que la idea central era entender qué estaba moviendo a una sala entregada, casi enloquecida, que gritaba cada tema como si fuera el último. Y aunque no tengo una explicación plausible, aparte que son muy buenos, que saben hacernos bailar y que tienen carrete para ratos, está claro que al menos, mis conversaciones serán cargantes y repletas de contenido. Tal vez si ves los vídeos, te puedas unir al coro.

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