El soul de los abuelos.

Así sonaba aquella cosa que luego se llamaría rock, cuando todavía era algo de negros y los blancos más espabilados no habían tomado ese tren. Así debe ser el calor pegajoso y las ganas de follar a cualquier precio. Así la música libre de artificios pero brillante, luminosa, pecadora, interesante. La sencillez, la autenticidad. Los gritos son lo que debe de ser, los solos de guitarra son una manera de exhibicionismo, y de expresión. La banda suena como un reloj y el público parece desmadejado, poseído, sobreexcitado. Les ha costado hacer entrar en calor a los madrileños, algo inaudito; pero al final, han visto, arrogantes, cómo les suplicaban, silbaban, casi amenazaban, por un par de temas más. Poco a poco, se han hecho con la propiedad de nuestras almas y nos han movido como marionetas. Una lección de sabiduría, a la puerta de casa. Y si no, escúchalos. ¿Pensabas que no había grabado vídeos?

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