Los dedos…

Cantaba muy bien, hay que reconocerlo. Terriblemente bien, incluso. Siempre al borde del gallo, y siempre dejándonos perplejos. Pero es su pericia con la guitarra lo que me ha conquistado. Seguramente haya mejores intérpretes que él. Muchos me dirán, después de escuchar los vídeos, que no es para tanto. Pero hoy me he sentido como un niño, descubriendo que alguien puede hacer algo parecido a magia con el instrumento más común, el más vulgar, el que puede ser en manos de cualquier gañán una sala de torturas. Y eso, solo merece una palabra: gracias.

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