Gracias, gracias, gracias.

Ver a Mayte es prepararse para una boda. Elegir cuidadosamente el traje que vas a llevar meses antes, vigilar que cualquier detalle estúpido no vaya a estropearte el día, dormir mal y abusar de las cremas para esconder las huellas de los nervios. Aunque ella parece escurrirse de esa idea con su sencillez y la manera que tienen las palabras de salir de su cabeza, cadenciosa y casi forzada, es un mito, alguien que se ha labrado ese raro privilegio de estar por encima del bien, del mal, de los palos y los géneros. Y que, finalmente, ha conseguido que todos sus niños (porque la música es siempre hija nuestra, si somos capaces de ser fecundo y de parir nenes guapos) jueguen juntos en una caja de arena cómoda, sencilla y eficaz que para ellos ha construído. Mayte ya no merece felicitaciones, en realidad, a estas alguras, tendríamos que darle agradecimientos, todos los que podamos, por seguir haciendo música. Puedes empezar cuando quieras. Pero antes, para mejorar tu entusiasmo,i mira estos vdeos.

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