La esfinge, hardcore.

Si a veces cuesta reponerse de determinadas músicas, en otras ocasiones lo complicado es dejar de pensar en ella; One Starving Day han ofrecido hoy a muy pocos afortunados una lección de desorden y de inteligencia, de ruido contenido, rabia destilada y una frialdad que casi sorprendía cuando emocionaba. A mitad de camino entre la música, el ruido, la arritmia, y las matemáticas. Pero sobre todo, seductores. Todavía tengo en la cabeza su concepto, que no sus melodías, como un run-run que no consigo desenmadejar. Y no, no es una adininanza, no es ciencia: es incertidumbre, la más grande de las emociones humanas, y me temo que también, arte. Tenéis un vídeo, tenebroso como pocos. La luz de la sala era muy escasa, pero incluso las fotos más desenfocadas y mal hechas, han quedado bien. Podéis leer, si os apetece, la crónica de Zona Musical.

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