Apuntes de viaje, quinta y última parte.

La verdad es que es complicado decir algo así, pero creo que ese fue el mejor día de todos. Sin menospreciar la cantidad ingente de cosas que hice el resto. En realidad este tipo de experiencias tienen de bueno que, aparte del recuerdo inmediato, estás saboreando las cosas buenas (y las malas) durante años, y siempre descubres algo que andaba olvidado en la memoria, y que te alegra el día. Sencillamente, la combinación moda más música, es posiblemente una de las que más puede estimularme.

Sí señor, la idea era ir a comprar trapos. Descubrimos entre las revistas del hotel un par de guías para “hacer cosas” en la ciudad de México, que me sirvió para hacerme un pequeño directorio de tiendas que había que descubrir. También Leonardo, un amigo de Fernando, nos recomendó algún sitio más. Y, finalmente, en la sección “Música en vivo”, encontré un nombre, El Imperial, un local indispensable para (decía el texto), descubrir la escena indie de la ciudad. En su MySpace, lo mejor: tenían concierto para ese mismo día.

La ropa debía ser un recorrido por lugares que vendieran moda made in México. Evidentemente la mayoría de los sitios distribuían marcas internacionales conocidas, pero lo descarté porque, puesto que vine aquí cargado de trapos de Custo y David Delfín, parecía justo que regresara a Madrid con prendas de diseñadores mexicanos. Los lugares que recorrimos, Ochö, un lugar que se promocionaba con la idea de vender “Alta costura para moda urbana”, pequeño, muy coqueto, con muy pocas cosas colgadas en la percha; tal vez algo monocromo para mi gusto, pero interesante en cualquier caso; compré un pantalón, estilo vaquero, caído de culete y pegado a las pantorrillas, y una camiseta macabra, con huesos, dientes y sonrisas.

Dime es una especie de mercadillo de diseñadores, que vende sobre todo camisetas, bolsos, algo de ropa interior y complementos. Es el típico sitio que merece visitas frecuentes porque la ropa que tienen es fresca, bonita y terriblemente variada. Un lugar que en Madrid existe, más o menos, en muchos locales de la calle Fuencarral, pero con una ventaja indiscutible: el precio. Como término medio, una camiseta cuesta entre 200 y 250 pesos (entre los 12 y los 15 euros), y estamos hablando de productos de firma, no del Zara.

También descubrimos un lugar llamado “Delirio”, que suma los conceptos de activismo alimentario, supermercado y restaurante; es posible adquirir multitud de productos de preparación ecológica, y probar una gran variedad de propuestas culinarias bastante cosmopolitas, desde lo local, a lo mediterráneo. La sección de dulces y conserva me sirvió como excusa para culminar la serie de compras que serán regalos en cuanto llegue a Madrid, y que creo, el destinatario ya sabe que son para él.

Respecto al concierto, llegamos a tiempo, incluso pronto. Comenzó pasadas las once, terminó después de la una de la madrugada; no está mal, eran dos bandas, el local estaba muuuy bien, pude escuchar por fin a Santogold en un sitio de copas, algo que en España no había experimentado y que no termino de comprender y, en fin, el resto ya queda para las dos siguientes entradas. Recuperamos el formato habitual, poco texto, mucho vídeo.

Y terminamos con una pequeña recomendación, a todos mis compatriotas, especialmente los madrileños. Viajad a México, aprended. Necesitáis ser conscientes de lo provincianos que sois.