Apuntes de viaje, primera parte.

Tan lejos sólo podía tener una actitud paisajista, pero mi cabeza era incapaz de procesar tanta información junta, embotado como estaba con el jet-lag. México me sigue dando la misma impresión de opulencia sucia de antaño, una ciudad aséptica como nos gusta a los euroccidentales, pero excesiva y recargada, colorida y llena de contrastes. Lo suficientemente viva para afectarnos, dolernos y fascinarnos.

Héctor se ha portado como el tío majo que es y tengo habitacion de invitados, con cama estilo campo de fútbol y baño para mí solo. Su salón da al gimnasio y a un ramillete de vistas grandiosas de la ciudad. Es una planta 19 que tiene de regalo unos vientos ululantes, de castilo fantasma, y el sonido tan a mitad de camino entre la comedia Disney, el dibujo animado y el thriller sicológico, de las patitas de sus dos perros, dos hermanos y un ente bipolar; uno me quiere, otro me muerde.

El cuadro que ilustra la entrada es suyo… bueno, es una copia que hizo de un Picasso.