Arróllame, baby

Todavía tengo ganas de mover el esqueleto. La energía que es capaz de transmitir Big Boss Man es increíble. Su bajo es infeccioso, ocupa tu mente, se apodera de tu sentido del ritmo y, de repente, estás oyendo un Hammond en el silencio de la madrugada, peleándose con las teclas del ordenador. Creo que tengo que irme a dormir, ya. Aunque no sé si seré capaz de estar quieto. Lee la crónica de Zona Musical. Y disfruta del vídeo.

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