El fuego llegó, con retraso

Reconozco que venía predispuesto a un orgasmo que tardó en llegar. Demasiado breve para provocar un despliegue de saltitos y entusiasmos durante el trayecto de regreso a casa, aunque suficiente para justificar adjetivos y exageraciones, la médula de mi estilo. Tardaron en entrar en calor y en dispararlos la poesía que hay encerrada en su pop hermético. Uno se quería sentir como Werther al borde el abismo, en plena tormenta, y saltar. Y los relámpagos llegaron justo cuando la banda terminaba los bises. A veces pasa. Para seguir disfrutándolos, nos quedan los vídeos, como el que os dejo de regalo, y la crónica de Zona Musical, otra obra de arte barroca y absolutamente insufrible.

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