Tokyo, sex, destruction.

Las luces, la música enloquecida, todo se conjuraba para que alguien terminara padeciendo un ataque de epilepsia. Tal vez eso le sucedió al cantante de los Tokyo Sex Destruction, tal vez es lo habitual, pero es uno de los ejemplos más interesantes de hiperactividad, de destrucción de las convenciones dramáticas y de invasión del espacio del oyente que he visto en mucho tiempo. Como muestra de lo que puede hacer un verdadero showman con una sala amplia, allá va el vídeo. Y no olvides visitar la página de Zona Musical, que ya está la crónica.

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