La sencillez como divisa

La lamentable situación del cine español recuerda tanto a la de la música que casi duele. Las malas decisiones y la evidente incompetencia de la mayoría está tapando el buen hacer de unos pocos, y muchas películas pasan por la cartelera sin pena ni gloria, sin repercusión y sin ser conocidas nunca, enmudecidas por la vulgaridad de títulos que, aunque consiguen más promoción, al final no hacen sino empeorar la mala prensa que tiene nuestra industria entre el público y agrandar el agujero que es su solvencia económica. Delante del cadáver, vendrán los lamentos.

 

“La noche de los girasoles” es una de esas excepciones. Se trata de un thriller tranquilo, basado en un dibujo muy bien esbozado de los diferentes personajes que hacen la historia y un guión que recurre a saltos adelante y atrás en el tiempo y a presentarlos la misma escena desde diversos puntos de vista. Obtenemos una visión bastante completa del motivo de la historia, nos implicamos en las pesquisas del veterano Guardia Civil que, con la mosca detrás de la oreja, se lanza a aclarar las inconsistencias de una desaparición que es un asesinato y, sobre todo, nos sorprendemos con el giro argumental que hay al final, amargo, oscuro, e irónico. Una historia rural de personajes atrapados en sus mundos, o en sus obsesiones, que avanza gracias al fantástico retrato que realiza el director Jorge Sánchez Cabezudo y por supuesto, al trabajo de su reparto, sobre todo Celso Bugallo, amable, incisivo, con ese mosqueo en la mirada que disimula tan bien y que es tan evidente, llevándonos de la mano a ese desenlace que nos va a dejar entre boquiabiertos y deprimidos.

 

Merece la pena apoyar este gran trabajo.