Empuja bien y no mires a quién

Mira que soy burgués, qué manera de salir corriendo con el rabo entre las piernas porque un par de garrulos estaba empezando a aplicar candela en la primera canción. Claro que después de ver al pobre que aparecía de vez en cuando flotando en el maremágnum de cabezas, para ser engullido un par de botes después, me sentía feliz y seguro en mi escalón, con una vista relativamente buena para que mi cámara hiciera lo suyo.

 

Gories, de Detroit y Oblivians de Menphis eran los protagonistas. Aunque cedieron parte de su minuto de gloria a un público exaltado, entregado y brutal. Aquello casi parecía una sesión de sexo amo/esclavo, con los roles cambiando continuamente. Si Oblivians mantenía a raya a la gleba con una indiferencia y una actitud amable, pero de pocos amigos, Gories se regodeaba en la provocación y alimentaba una química que pudo rozar lo peligroso, aunque nadie fue consciente de ellos, salvo el organizador del concierto, que se apresuró a solicitar un poco de presencia de los porteros sobre el escenario, con la esperanza de mantener algo más controlada la situación.

 

Pero nada estaba fuera de lugar. Se trataba de una dinámica lógica, el amor a veces es salvaje y esas canciones, señores, merecían mucho, mucho amor. Si te lo has perdido, considérate desgraciado, de por vida. Al menos lee la crónica de Zona Musical, que es raro que me explaye tanto.

 

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