De zorrones y espías

Son muchas las sorpresas que esconden nuestra historia musical (la de la música popular) y ya he hablado de alguna. “Bailando sin salir de casa” fué el tercer disco de Olé Olé y llegaron con novedades. Vicky Larraz iniciaba carrera en solitario (ya hablaré de ella, porque merece la pena) y Luis Carlos Esteban, el teclista y uno de los compositores, también decide marcharse de la banda.

 

No sé cuál de las dos deserciones es más importante. Esteban parece que se llevó para siempre el sonido tecno-pop que había caracterizado al grupo hasta ese momento. Respecto a la Larraz, es complicado saber qué hubiera sido de la banda si hubiera seguido con ellos. Todos sabemos que han estado a punto de reunirse recientemente, pero al parecer no fué posible por diferencias de criterio. En cualquier caso, el cambio nos trajo a otra de las estrellas más raras que tenemos: Marta Sánchez. Pero vamos a centrarnos.

 

El disco es una orgía de temas funk aguados con melodías pop raro en el panorama local. La música negra, hasta la llegada y eclosión del hip-hop ha sido la gran olvidada en España, a pesar de tener ejemplos de grandes trabajos inspirados en dicho estilo, como el que nos ocupa o algunos de los que editó Alaska y Dinarama. “Bailando sin salir de casa” es un himno de rebeldía juvenil, ausencia de neuronas y ganas de fiesta, una temática tan poco trascendente como fascinante, tal y como es tratada por la banda. Pero seguramente mi favorita es “Yo no me subo al coche de cualquiera”, una historia de un putón caro que, precisamente, sólo sube a coches importados, aunque te deja echarle un vistazo, por supuesto, gratis. Si Danza Invisible hacían apología del maltrato de género, aquí están Olé Olé, glosando la prostitución de algo standing. La corrección política nos está matando, en serio. El presente es tan aburrido… Por supuesto, no puedo olvidar el tema que sirvió de presentación, la versión de la Dietrich, “Lilí Marlen”, quizás la que más recuerda a la etapa anterior del grupo. No es que sea una locura, pero resulta simpática.

 

No tengo idea si está todavía a la venta, pero recomiendo a todo amante del ritmo y la buena música que intente recuperarlo. Sorprender en una fiesta con su groove contagioso puede dejar en un lugar muy alto nuestro prestigio como degustadores de música. Aparte, escuchar a Marta Sánchez novata, todavía no poseída por sus interesantes pero cargantes manías vocales, merece la pena.