Fangoria, los convertidos. Paletos de España, 2

En realidad Fangoria no son unos paletos. Canut es el perfecto niño pijo, maniático, refinado y neurasténico, y Olvido conserva la curiosidad y la valentía de sus años mozos. Pero España los ha contaminado. Primero, apareció el discutible Mario Vaquerizo. Sus discos perdieron nervio y hoy están al nivel de Camela. Segundo, comienzan a proliferar (sobre todo Olvido) en programas altavoces de la chusma. Ya no están los enterados detrás de sus lanzamientos, sólo maricas de provincia y barrio bajo, las que se quitaron la boina y se pusieron la faja. Demasiados síntomas, demasiada pobreza a su alrededor. De una obra maestra como “Arquitectura efímera”, a dos mediocridades; “El extraño viaje” y “Absolutamente”. Es difícil justificar una pérdida de inspiración tan brutal, tan repentina, aunque no sean los únicos, Bosé se adelantó. Lo último que imaginaba, era echar de menos a Carlos Jean.

 

Fangoria están perdiendo la razón de ser. Hubo un tiempo que traían las novedades de Londres, que viajaban y venían cargados de ideas interesantes, pero se están convirtiendo en dos turistas, aburguesados, aburridos y mediocres. No hay más que ver el reportaje de tres horas, firmado por la propia Olvido, que regalaban con la edición deluxe de “El extraño viaje”, y que es incluso más aburrido que el propio disco. Muerto Casal, ellos eran el único referente moderno que nos quedaba, pero ahora todas sus citas son locales, cañí, castizas; no voy a criticar la presencia de Alaska en la Cope, porque en realidad me da lo mismo; lo que me preocupa, lo que me escama es que, ahora mismo, eso sea lo más provocador que se le ocurre hacer.

 

No sé si lo suyo tiene solución, creo que no. Vamos a tener que buscar otros tótem. Mercedes Ferrer huyó a México, tal vez incluso recapacite y emigre a Estados Unidos una vez más; aunque estoy seguro que allí aprenderá muchas más cosas que aquí. Pero no es lo que necesitamos. Nos hace falta otra estrella, diferente, atrevida, intocable, que pueda vestir un Armani y plantarle un corte de mangas a Letizia Ortiz, punky y elitista, divina y salvaje. Mientras tanto, pasemos la orfandad como buenamente podamos.