Gastmans para nadie

Estoy casi convencido que al final de un concierto lo menos importante es la asistencia. No para la continuidad de la carrera del artista, eso está claro. Hoy había apenas 45 personas escuchando a Álvaro Gastmans, cuando Algora, había convocado posiblemente el triple de público. Tenían prisa, los fans del alcarreño, y desaparecieron con una discreción de fantasmas. En esa soledad es cuando los grandes conciertos se elevan a la categoría de lecciones, tienen el olor de la eternidad y la grandeza. Si hay música de la buena, claro. Gastmans lo consiguió, decoró la soledad de la sala con su malditismo dandi, y dejó en el aire una lección de música y saber estar intachable. Todavía estoy aplaudiendo con mis tristes tripas. Si quieres leer más, haz click aquí para ir a la crónica de Zona Musical.