Marlango, los impostores

Ellos solitos han conseguido que vomite una de las críticas más feroces que recuerdo haber escrito. No fueron capaces de sacar mi lado generoso, que es rematadamente fácil, ni una frase intentando suavizar las formas, ni un amago de arrepentimiento. Releyéndola, me doy cuenta que aquél texto es el embrión de lo que quiero contar ahora. Que se trata de una de las estafas más grandes y descaradas que la industria musical española nos ha querido colar y que, aunque Subterfuge parece que lo hizo bien y hasta ganó dinero con ellos, la gigante Universal se ha dado contra el muro de la realidad y no ha conseguido los mismos resultados. Tal vez el fenómeno esté agotado, o quizás mis conciudadanos son más inteligentes de lo que pensaba, y se han dado cuenta que ese guiso pre-cocinado tiene siempre el mismo saborcillo.

 

Marlango siempre se han presentado como la gran alternativa “indie”, el grupo cool por antonomasia. Son petulantes y repelentes, solo hay que leer su blog para darse cuenta de ello. Y no son los primeros que utilizan el nombre de Tom Waits para darle enjundia a su proyecto musical. Curioso, que tomen como referente a un artista que apenas a venido a tocar en directo y cuya música es conocida (de verdad) por un grupo reducido de personas. Las marujas que acuden a El Corte Inglés a comprar los discos del trío que nos ocupa, seguramente lo conocerán por las películas de Coppola, y gracias. Pero, lógicamente, si vamos a disfrazarnos de profundos, debemos hacerlo bien y Waits es la excusa perfecta.

 

En cualquier caso ellos han creado el cóctel perfecto, que venden al por mayor con la etiqueta “indie”. Si no fuera por lo raquítico que es el panorama independiente español (económicamente, porque ideas tienen, muchas y buenas), no pasaría nada. Pero están comiéndose un pastel que no les corresponde, están haciéndole sombra a grupos buenos de verdad, novedosos de verdad, incluso se podría decir que comerciales de verdad, pero que no tienen la dudosa suerte de contar con Leonor Watling como vocalista. No, ellos sólo tienen su talento y sus ganas. La Watling, una rentable carrera de actriz (hacer de comatosa durante una película de Almodóvar seguro que te dará un prestigio enorme, pero viendo los recitales interpretativos que han hecho repetidas veces para el manchego Carmen Maura, Victoria Abril o Marisa Pareces, lo que haya podido aportar nuestra Leonor como mucho es prescindible; por otro lado, alimentar fantasías húmedas montándose una escena de cama encima de Frodo con las tetas al aire puede que sea maravilloso, si eres heterosexual y no has visto unas de verdad en tres o cuatro primaveras). Y, fuera de las pantallas, una supuesta buena voz.

 

La voz de la Watling. Vamos a aclarar un par de cosas. Gritar no es cantar bien, eso debiera estar más que entendido a estas alturas, pero con toda la proliferación de programitas para fabricar estrellas que fomentan el grito y el saltito, me temo que hay que insistir con la pedagogía. Impostar, tampoco es cantar bien, a no ser que sea necesario para resaltar el sentido de lo que cantas o que tu estilo vocal y musical funcionen… aprende de Miguel Bosé, un nuevo paleto que en su momento sabía impostar sin ser petulante… bueno sobre eso hay opiniones. Por tanto, si te gusta la Watling porque grita, cómprate los discos de Mariah Carey y empáchate.

 

Para terminar, solo una idea más. ¿Quieres conocer bandas que sí hacen música de verdad? ¿De verdad piensas que no hay alternativas a tu mal gusto? Escucha a Pájaro Sunrise y me cuentas.