Coque Malla, tristeza permanente

Coque Malla parece tener una cualidad en el tono lastimero de perro abandonado, algo que podría ser una razón para despreciar su obra y que por el contrario a un servidor le consigue poner los pelos de punta con una facilidad insultante. Ha sido solo una escucha y casi he comenzado a llorar con el primer tema. Ya sabía que el recién editado “La hora de los gigantes” iba a ser un trabajo de rock con toques de soul, mucho más accesible que “Sueños”, y posiblemente más en la línea de aquél gran disco, “Soy un astronauta más”, seguramente su niño abandonado, porque no consiguió atraer al público de Los Ronaldos.

 

Y ahora parece que quiere encontrar un camino propio, algo que ya tenía hallado desde el primer momento, en la melancolía y cierto toque sensual, levemente cínico. En realidad no termino de comprender a qué viene esa tristeza que me provoca, puesto que suele hablar de heridas curadas, de reponerse después de una gran caída, pero así es. Quizás porque he tenido suerte y no me ha tocado recomponer mis pedazos desperdigados, o porque no termino de ser consciente de mi fortaleza… o sencillamente porque sí. A saber.

 

Pero, hablando en claro, el disco es bueno, tenemos un gran compositor delante de nuestras narices y además uno de los clásicos. A su manera, Malla tendría que estar al nivel de la Rosenvinge. Ya veremos.

 

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