Delante de los clásicos, todo vale: Aute.

Aute estuvo generoso el otro día en el Palacio de Congresos. Unas treinta canciones, un repaso extenso, bien repartido de su carrera con la excusa de la edición del volumen 3 de Auterretratos y una caja que incluye los tres volúmenes editados de esa revisitación de temas viejos, en un tono que se mueve entre el jazz suave y el hilo musical. Ese es el aire elegido y, aunque a priori parezca la decisión menos acertada, funcionó. El auditorio estuvo entregado durante las dos horas y media de concierto, coreando los textos que forman parte ya de nuestro imaginario popular.

 

Pero aparte de la exaltación del mito, Aute fue capaz de sorprender con unas facultades vocales que no han mermado en lo absoluto y que incluso, en algunos momentos, hacían dudar de la fama de no tener una gran voz. Los cuatro últimos temas, tocados en solitario con una guitarra acústica, fueron un ejemplo de intensidad y de capacidad de comunicación. Y “Al Alba”, a capella, una lección de emotividad de las que difícilmente es posible prescindir.

 

Aute es quien es, por algo. Lee la crónica de Zona Musical.