La dulzura promete (7 de 11)

Prescindiendo de todo el disco de Queyi es uno de los más adorables que creo habitan en mi colección. Su especialidad es la música para niños y ojo, para niños humanos, no para niños de juguete. Es capaz de manejar la ironía, el compromiso político y el juego gamberro de una manera a la vez sutil y burda, obvia e inteligente, y crear una música, una actitud y una atmósfera que se hace igual cómoda y turbadora. No es una artista fácil pero consigue hacerse con la complicidad del oyente, y no solo en directo. Su disco es una sucesión de nanas y melodías con aureola Zen que nos susurra al oído con un descaro que curiosamente poco tiene de sexual. De fondo efectos, bases, instrumentos acústicos e ingenio por todas partes. Es un trabajo que perfectamente podría haber sido la sorpresa del año, aunque ya lo ha conseguido haciendo que sea Dro-Warner quien le publique… aunque sospecho que realmente es ella quien se ha trabajado todo y que se ha limitado a venderles a los señores del dinero el juguete ya terminado. Da lo mismo, no entiendo qué haces ahí sentado leyendo, ve, cómpralo, descárgalo, ¡haz algo!