El final de la oscuridad

Es casi tan exagerado este título como la dependencia que podemos llegar a tener de algunas de nuestras maquinitas. Por ejemplo, el ordenador. Después de un mes en el hospital, mi iMac ha regresado, sano, salvo y con ganas. Espero que sea para durar y que no me de más sustos, porque ha conseguido que odie a su hermanito pequeño, que hizo lo que pudo con la cantidad de datos ingentes que manejo y que no pensé que fueran tantos. Eso sí, he dejado el sistema exactamente como estaba en cosa de dos horas… Apple es la leche, pese a quien pese.