Lewin y el chico que llora

Terminaba el concierto, el segundo bis era una canción dedicada a su madre, ya fallecida. Buen tema, los músicos en pie, estribillo convertido en misa negra. Esperaba agazapado al fondo de la sala, cerca de la salida para salir pitando hacia casa, escribir, vomitar, entregar y acostarme. A mi izquierda me doy cuenta que un chico estaba llorando, secándose las lágrimas con la camiseta blanca y verde que llevaba. Su novia le miraba, sin ninguna sorpresa en la expresión. ¿Le había conmovido la canción? ¿No había terminado de despedir a alguien? ¿Era un heterosexual sensible? Gracias a ese chico, Lewin ha vendido dos discos. Pensé que algo así merecía una pequeña inversión. ¿Cuánto hace que una canción no me hace llorar? Mucho, o poco, no tengo un recuerdo claro. Sé que muchas me han conmovido, que se me han humedecido los ojos. Pero ese desbordamiento… que tontamente echo de menos.

 

Esto, que debiera estar en la crónica de Zona Musical, aparece aquí primero porque vino después de la crónica en sí, y segundo porque me parece demasiado privado y el lugar que le corresponde es precisamente un blog personal.