Las extrañas estrellas francesas

Si hay algo que caracteriza el peculiar mundillo musical francés es la excentricidad de algunas de sus rutilantes estrellas. Cierto que ordinarias hay en todas partes, aunque nuestra querida España se lleva la palma junto a lamentables ejemplos como Grecia. En general, los países europeos (los de verdad) suelen ser una excepción.

 

Camille, sin ser un perro verde, es bastante inaudita. Primero, porque ha sabido evolucionar de un pop suave muy a la chanson hacia músicas más dinámicas, más cercanas al beatboxing, es decir, a hacer música con el cuerpo. Música gutural como la que intentó hacer, con mucha menos fortuna, Björk en su “Medulla”.

 

Ya lo anunciaba con su tercer disco, un directo, y un derroche de imaginación y de ritmo. Iba a regresar pegando fuerte y así ha sido. Si “Le fil” ya sorprendía por el sonido soul y esa extraña idea de incluir un hilo de voz, emitiendo la misma nota a través de todo el disco, su última entrega, “Music hole” es toda una borrachera de provocación, de sorpresas, de optimismo y creatividad que no debiérais perderos. Ya va siendo hora de abrazar a nuestros vecinos, que hicieron una constitución a la que veneran en vez de llamarla como a  la dependienta de la frutería, que hicieron unas cuantas revoluciones y que queman coches cuando algún pringado les toca los cojones, y a quienes echamos con cajas destempladas, hecho que encima celebramos como si fuera un gran “alzamiento”, cuando en realidad fuimos de las pocas naciones que no recibió a Napoleón como el abanderado de las libertades. En su lugar, nos quedamos con un felón que cerró las universidades y reabrió las plazas de toros, y así nos va.

 

Hay que dejarse llevar por la dulce provocación de Camille. Otro día discutimos a qué viene eso del hole.