Donde hay vida…

Aunque en la crónica no digo nada, escuchando a esta joven banda madrileña me estaba acordando de Amaral, porque me sorprende que, con la excelente escuela de nuevos valores que hay escondidos en España, los zaragozanos sean realmente los únicos que merecen un aplauso por su éxito y por mantener el listón a una altura razonable. Bueno, vale, y alguno más. Libens, y muchos como ellos, podrían recoger el testigo, o compartirlo, porque ya va siendo hora que exista un mínimo de variedad en nuestra industria musical, y tal vez así recuperen de una vez el favor del público y dejen de amargarnos la vida.

 

Y sin embargo, aunque escuchar a los Libens ha sido un placer y me ha hecho ver el futuro con cierto optimismo, también he presenciado cosas que me preocupan. La actitud del público, el parloteo (gallinero, mejor dicho) permanente, la actitud tan irrespetuosa, la evidente ignorancia por todo lo relacionado por la música me hace reflexionar sobre el daño enorme que se está haciendo al criterio y a los oídos de este país. No tengo claro que con un público “mayoritario” tan poco cultivado podamos llegar a nada. A lo mejor estoy exagerando, no lo sé. Pero me preocupa.

 

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