Canciones

He estado a punto de marcharme después de la balada, el primer bis. Rodeado de conversaciones a voz en grito, la canción me decía desde muy lejos I’m on fire. Malditismo ultra-concentrado, noche y tristeza, un punto de súplica. El final perfecto, en un fundido a negro. El resto solo ha sido rock and roll, bien para el que le guste. Ojo, que no me ha parecido una pérdida de tiempo, ni mucho menos. Porque hay que recuperar la fe en las buenas canciones, una lección que Paul Collins, con los años agarrados a su garganta, nos ha dado con merecida chulería en la sonrisa. Lee la crónica de Zona Musical.