¡Que viene el canon!

Pues sí, ya entró en vigor. Vamos a pagar un poco más por comprar un cd virgen, un reproductor de música, un escáner, una impresora, un móvil o una tarjeta de memoria, para compensar las copias que nos hacemos de obras protegidas.

 

No voy a argumentar con el famoso “¿Y si no lo hacemos?” porque yo sí paso al ordenador todos los cd’s que compro. Aunque no en todos ellos dice eso de “S.G.A.E.”. En realidad voy a contar para qué sirve el derecho de autor, o para qué no sirve, e intentar dilucidad por qué manos – no todas – pasa el dinero que nos van a cobrar/sajar a partir de ya.

 

La S.G.A.E. es una de las entidades que gestionan los derechos de autor, aunque ni es ni tiene que ser la única. Es una empresa privada pero tiene un estátus especial y realmente se comporta como un “ministerio”. Si te das un paseo por sus oficinas, es la sensación que dan. Recuerda un poco a Telefónica, a la que por cierto se putea mucho más por ser operador dominante, yeso que aportan mucho más a la riqueza patria y a nuestro buen nombre como Superpotencia Explotadora en el tercer mundo. No. A la S.G.A.E. se la mima y si alguien les alza la voz, denuncia al canto. La mayoría de los músicos son conscientes que salirse del tren del copyright y caminar por libre va a cerrar más puertas que abrir. De manera que, si te quieres tomar medianamente en serio esto de hacer música, has de pasar por ahí.

 

Para registrarte necesitas dos cosas: dinero y mucho papeleo. Las partituras, las letras y pasta a granel. Recuerdo a un chaval que tuvo que preparar todo y que iba con toda la ilusión al registrar su obra. Debió sentirse como el protagonista del anuncio de barritas integrales recomendando a la chica antipática de la ventanilla que tome algo que le libere de todo lo malo. No se si habrá visto un duro pero lo dudo, la verdad. Quiero decir, que seguramente el 90% de los autores que pasan por ese trago no volverán a saber nada más de sus derechos.

 

Pero esto no es una moneda, hay otras caras. Muchas caras. Los grandes van a tener ingresos asegurados casi de por vida. No tengo idea de lo que sacarán Sabina, los hermanos Cano o Víctor Manuel, pero sí que pueden vivir bien. La pena es que no se dediquen a hacer carrera, a crear proyectos arriesgados con ese regalo. nacho Cano, al menos ha hecho algún disco salvable, incluso uno instrumental. Víctor Manuel ha producido grandes películas e inmensos bodrios, y también alguna parte de su discografía tiene perdón. Sabina fue muy manirroto en su tiempo y le pagó discos que no vendieron nada a algunos de sus amigos. Pero ¿es legítimo exigirles más? ¿no debieran trabajar un poco más con el dinero que les estamos pagando?

 

Y también, están los medianos. en este caso, tal vez podáis encontrarle una razón a todo esto. Conozco el caso de una músico madrileña, conocida en círculos alternativos por su especial y magnífica discografía, y masivamente por alguna colaboración más o menos afortunada. con el dinero que saca de sus canciones nunca pagará la hipoteca, pero quizás pueda comer. Con lo que gana de prestar su voz para otros, quizás pueda ahorrar, vivir mejor o ampliar el estudio casero. Quizás ella sí agradezca que nos arañen el bolsillo, o quizás nosotros nos sintamos mejor pensando que ya que nos han atracado,  alguien está haciendo buen uso de las migajas. Creo que, como ella, hay muchos “medianos” que pueden ver algún resultado y solo ellos justifican esta medida tan cogida por los pelos.

 

Esto es como Sodoma y Gomorra, ya sabéis: mostradme un solo justo y salvare la ciudad. Ahí es donde tenemos que llegar. A pensar si realmente merece la pena aguantar una humillación más para disfrutar de artistas tan brillantes como Carmen París, Christina rosenvinge, Alicia Alemán, Mercedes Ferrer, Amancio Prada, Aute (un grande, por cierto), Ana Salazar , Kodama y un larguísimo etcétera. Casi todos ellos son autores. Ved que no he citado a ningún rapero, pero todos escriben sus textos, así que son autores también y van metidos en este saco de los medianos con talento, casi todos.

 

Pero tampoco quiero convertirme en abogado del diablo. Lo poco que he visto me confirma que la industria musical es terriblemente injusta. Que muy pocos ganan mucho, que el artista es el último mono y que (esto es lo más importante) nos venden cancioncillas mediocres a precio de oro. Si crees que basta con pensar en los pocos buenos (muy buenos) que hay, no hagas nada. Si piensas que hay que dar un paso adelante, escucha mi propuesta: no compres discos. Ni un disco de música española. O hazte una lista de excepciones,  de artistas a los que respetas por su obra o porque te ponen. O excluye las independientes, o a aquellos que publican en copyleft.

 

Me he planteado incluso dejar de ir a conciertos. No suelo pagar por ellos porque voy acreditado como periodista, pero hago una labor de difusión para mucha gente por la que que incluso recibo el agradecimiento sincero de alguno de ellos, lo mejor que se me ocurre como contrapartida. Dado que la mayoría de directos que veo son de bandas casi desconocidas, gente de circuitos minoritarios o incluso grupos que apenas han editado una maqueta, no creo que proceda ser tan radical. pero quizás renuncie a salas grandes, a artistas grandes. O quizás no haga nada, porque tampoco me veréis en un concierto de Alejandro Sanz, ni de nadie que represente a los que están malgastando el dinero y la credibilidad  que les estamos regalando en hacer malos discos. No lo sé, las cosas son complejas y las respuestas, muchas.

 

Otra cosa es que deje de votar. Nunca he votado PSOE y no lo haré, visto lo visto, pero sé que esta decisión tan poco valiente vino con el apoyo de mi Izquierda Unida y me molesta más que su eterna pelea interna, y su extraña manera de naufragar permanentemente, porque se que esos defectos son hijos de sus virtudes. Pero no pueden imaginarse cuánto me ha decepcionado con esto. Aviso para… Llamazares.