Adoradores en Carabanchel

Cuando salía del Gruta la banda todavía estaba terminando el último y único bis. Mary Weiss se llevó su carpetón con las letras de las canciones, señal inequívoca de que la fiesta había terminado. La calle estaba silenciosa y vacía, todas las oficinas de ese mini-polígono industrial rodeado de viviendas cerradas, los talleres inactivos, las pequeñas naves industriales, oscuras. Poco después Melissa Auf der Maur se ocuparía de destrozarme los tímpanos a conciencia, y de acompañar la redacción de estas líneas.

 

Sorpresa no sería la palabra, quizás retorciendo un poco más las circunstancias, sí. Esperaba una gran actuación y la tuve, pero también encontrarme a una veterana salvaje y me equivoqué. La Weiss tiene la actitud pulcra de una secretaria de dirección. Sé que el tópico es machista, pero funciona. Aún así, es evidente que ninguna secretaria tiene esa voz rasgada, impostada y discretamente sabia. Y es capaz de desplegar un alarde de potencia con la actitud indiferente, distante y amable de las grandes glorias en el momento casino-para-pocos-y-adinerados-fans. Por eso, al final, creo que sí ha sido una sorpresa, quedando lo básico, la calidad, como el “ya lo sabía”.

 

En cualquier caso y como me cuesta no repetirme, salta a la crónica de ZM pinchando aquí.