Yay y Stereosaurio en Café la Palma (Madrid) el 29 de enero de 2015

Escribir sobre un grupo que estás descubriendo justo cuando van a desaparecer tiene un algo de futilidad a lo que nadie en su sano juicio debiera resistirse. Quizás por esa colección de canciones tan hermosas y tan a medio hacer que están tocando, han decidido que ya estaba bien de no ir a ninguna parte, aunque fuera con las galas más hermosas del corral, y que quieren hacer una canción no sólo preciosa, sino redonda. O quizás da lo mismo lo que pueda decir sobre una banda que ni ha sido ni será, que se esfumarán en cuanto termine la velada y se adentren en sus propios vergeles, y no importa que cuente “a”, o “b”. Si no lo habéis hecho, descubrid a Stereosaurio: Saben emocionar y lo hacen bonito.

Yay, el grupo de Hilda Hund, parece tener tantas mutaciones como coherencia, y han entendido para esta ocasión el código de la grandeza que están aplicando sin demasiada compasión, igual que en su momento lo hicieran con el deseo, o la depresión. Hoy de repente su repertorio parece sacado de un recopilatorio de himnos rock (vale, estaba pensando en el Belfast Child de los Simple Minds), oscilando entre lo fiero y lo majestuoso, la gracia y la pomposidad. Con el paréntesis que siempre será Aerial, claro, que es la canción y vive en su propio ecosistema. Por lo demás me da por pensar si estamos ante su forma definitiva o si seguirán enseñando otra cara nueva sin que nadie lo note. ¿Geniales no?

 

Hypersunday: Inferno (2014)

Inferno está concebido como una caída y una redención, y narrado con sorna y gravedad. Y quizás sea una de las tentativas españolas en el meollo de la electrónica y los arrabales del pop más solvente que se pueda escuchar. Coqueto con las pistas de baile, sin embargo su verdadero alma es más una mezcla de drama y florituras, reflejo de las ganas de mostrar el virtuosismo como su principal pilar, y que nos regala una colección de arreglos sonoros repleta de sorpresas, y profundos bajos.

El eclecticismo no diluye las intenciones gracias precisamente a la producción coherente que hace las veces de ligadura. Podemos encontrar piezas que retoman el House y el Techno, desde los padres fundadores, KraftwerkUnderworld, delirios circenses en los que el lado más histriónico de Syl Niet! se luce sin complejos, piezas de pop que harían las delicias de Madonna y su equipo y baladas inspiradas en esas miradas al vacío de los musicales y el fatalismo y el desamor hedonista de las canciones que auparon a Elton John.

Todo ese groove y ese circo han de encontrar una traslación al directo en la que seguramente han pensado. Hypersunday es un dúo que ha encontrado su tono con relativa rapidez, la misma con la que se han lanzado a crear material nuevo cuando apenas habían editado un ep debut, y que es lo que estamos ahora reseñando. Parece lógico que esa afinidad, o afinación, se verá también sobre los escenarios. Pero cada cosa a su tiempo.

(Inferno sale a la venta el 30 de enero)

 

Archive. Restriction (2014).

¿Una banda tan poco convencional como Archive, intentando sonar convencionales? ¿Un resbalón o el triple mortal sin red? ‘Restriction‘, su último disco, y a pesar de parecer un giro comercial, es precisamente por ese motivo una paradoja interesante: Una colección de himnos con lo mejor de los grandes U2, con la rabia disimulada de Massive Attack y las florituras épicas de Pink Floyd. Canciones seguramente pensadas para el directo, con una factura que quiere ser inmediata PERO elaborada, fundamentadas en un realismo escéptico y con la mirada puesta en la esperanza y el optimismo. Un disco que llega para mandarnos de subidón a una nueva era, aunque sea agitando mecheros en el estadio. No pasará por ser la cumbre de su obra, aunque sí es un digno punto medio del que merece la pena engancharse.

Monja Hammond en Café la Palma. 21 de enero de 2015.

Hay demasiada intención en Monja Hammond para tener claro lo que quiere contar en realidad. Cualquier amago de provocación es desactivado con un sonido, y unas melodías que apelan a la inocencia y a los juegos de niños, y que se revuelven como las letras de un párrafo compacto y avant-garde, para los pobres ignorantes. Como si quisiera desactivar el potencial para la polémica de su música, o esconderlo detrás de una costra naive y vanguardista. Lo cual posiblemente sea un reflejo de su personaje, más sereno que desquiciado, más cercano a la monja bonachona y bienintencionada que, si bien se pone ciega de moscatel en privado, se exhibe impecable después de la resaca. En realidad son estas elucubraciones la mejor parte, a falta de pop, de carne sangrante y de heridas abiertas. Quizás porque el misticismo nacional-católico de Reserva Espiritual de Occidente me resulta tan perturbador, y aunque más o menos entiendo por dónde quiere caminar nuestra Rachel Mizpah, es decir, Monja Hammond, al final no extraigo ni enseñanzas ni terrores de sus sermones, que no están a la altura de los implacables monstruos que son las monjitas de verdad. Ni drama, ni pop. Así el alma se queda sin su alimento.

P.S.: Tal vez el exorcismo que reserva para el final sea la mejor pieza del concierto, por esa credibilidad con que canta, tan en serio y tan chula al reírse del maligno.

Lento y Monotonus en Café la Palma. 15 de enero de 2015.

Monotonus están agitándose en una caja enana como gatitos enrabietados con una destreza de la que no termino de tener claro si son conscientes. Tal vez la precisión de las chicas, las dueñas de la parte rítmica, arrullen con su calma las divagaciones de un guitarrista que se abalanza contra su amplificador con una expresión entre alucinada y exultante y que bien merece una foto. Al igual que ellos merecen parabienes de los críticos y demás ejemplares, y más gente en un día de entrada flojilla. Posiblemente hoy nadie haya sangrado por los oídos pero sospecho que, aunque allí adelante están bailando bastante informales, debajo de sus ropas sucias y sus ademanes simiescos late un corazón tan roto como el mío. Monotonus saben cómo hacer daño.

Respecto a Lento, a su voz imperfecta y rota, a su manera de cantar extraña, lastimera, le falta compañía, intención, quizás a David Rodríguez añadiendo llantos instrumentales que acompañen su parsimoniosa soledad. Y, entonces, sería mágico.

Duddi Wallace. Roleplay (2014)

Duddi Wallace es un Mc que si sabe seducir, lo sabe hacer cara a cara. En directo se comporta y brilla como una estrella, se adueña del escenario y encerrado en su interpretación, también de la voluntad de la audiencia. Ha sido un concierto suyo, muy breve por otro lado, lo que me llevó hasta su disco, que nos muestra un artista frío y sin flow, decepcionante en comparación con el monstruo escénico que recordaba.

 

Hay que reconocerle a Roleplay algunas virtudes. Las bases son mucho más sofisticadas que lo que suele escucharse. Es en realidad el mayor atractivo del disco: contenidas, rozando lo ambiental, son un trabajo que hay que tener en cuenta y que convierten a Lowlight y el resto de productores (Crvdx, Griffi, Fosi Blanco, M. Padrón, Manu Beats)  en el verdadero pilar del disco. Los esfuerzos de Duddi Wallace tienen el mérito de arriesgarse a intentar crear un fraseo frío con el que ponerse a la altura del trabajo de Lowlight, el productor de la mayoría de los temas del disco. Lo que pudiera ser de haber tenido éxito puede escucharse en ‘Continuidad’, su mejor canción sin duda: R&B sedoso, unos coros contagiosos, una letra sugerente y bien interpretada.

 

Sea como sea, es muy posible que se trate de una de las alternativas dentro de la escena española, incluso con posibilidades en el mercado mainstream, siempre y cuando sea capaz de mostrar su carisma en futuros trabajos sin eclipsar, o anular, el excelente trabajo sonoro de Lowlight.

Mohama Saz y Moongardening en El Perro (Madrid) el 10 de enero de 2015

Mohama Saz proponen una mezcla de rock de carretera con una gruesa cobertura oriental y larguísimos desarrollos que igual invocan la psicodelia y el jazz. No es una idea original pero saben llamar la atención ruidosamente y demuestran que no se pierden en sus ríos de ideas. Llegan a ser francamente divertidos, gamberros y a exhibir una testosterona inteligente y rara.

Moongardening es un proyecto de elaboraciones lentas que suele tardar en alcanzar lo que persiguen, y que vendría a ser abrazar la fibra de la emoción a través de la sutileza y del orden. Y, a pesar de un sonido de pesadilla y de una tormenta de acoples, esta noche dejan claro que el sonido que viste su nuevo disco está listo para mostrarse y lo hacen con aplomo y con confianza, enfrascados en una plenitud magnífica. Tuve una charla muy larga acerca de las pobrezas de la escena española con un compañero de profesión (la de ellos, no la mía) y estábamos de acuerdo que seguramente en otro país, serían una banda con público (mucho más, y ojo, llenaron El Perro) y con un prestigio a prueba de bombas.