Emika: DREI (2015)

La ucraniana afincada en Londres Emika sigue en su camino hacia la frialdad y el minimalismo, y hacia una concepción del pop basada en la emoción distante, en la que es posible revolcarse, merced a una carnalidad ritualizada, sorprendentemente poco aséptica, que se insinúa en los beats retenidos sobre los que construye canciones disueltas en recitados y un paisaje de bajos y arreglos desprovistos casi de fisicidad.

Lógicamente toda esa tendencia a darle ligereza a un sonido cada vez más abstracto juega en su contra y le alejará de los seguidores más juguetones de la electrónica, los que necesitan efectismo y guías para despegar, y aterrizar. Con Emika flotamos, pero no terminamos de ser conscientes de ello. En realidad el hechizo se disuelve cuando somos demasiado conscientes de sus efectos y comenzamos a analizar demasiado lo que escuchamos. Es lo que hace interesante su paradoja, que toda esa distancia requiere [sentido del] tacto.

Lekuona en Café la Palma (Madrid) el 16 de mayo de 2015

Lekuona en directo hace muchas cosas, algunas geniales, otras discutibles, algunas hermosas y otras impregnadas de la vulgaridad y la ridícula ebriedad de egocentrismo de estos tiempos. Su personaje es una parodia, es un homenaje y un escupitajo al star system, a las niñas con cara de tópico sexual, a la fijación trans de Prince, a la adicción de casi todas las divas pop al estrellato, a la pose y a la vacuidad, y al fenómeno de la fama en sí. A la vez, es una elaborada traducción de su disco debut al sonido electrónico con ecos R&B con guiños a la vanguardia, más una voz sentida y distorsionada que se regodea en los efectos y suena dulce detrás de todo el cortinaje de ecos y cambios en el timbre tan desconcertantes y juguetones. Es, en esencia, un disco nuevo que hace de gemelo perverso o de contrapunto de No Man’s Land, publicado el año pasado y que ya he reseñado hace nada. Demasiado sólido para un debut, demasiado pensado para una suerte de juego, posiblemente lo único que necesite es encontrarle su lugar a los detalles y hacer que todo el circo que ha creado se vea perfecto. Queda claro que ha encontrado y tiene claro su lugar y lo que le falta es público, mucho más con el que desaparecer en un baile de masas -porque está claro que le gusta mezclarse con sus fans- que roce lo orgiástico.

Lekuona. No Man’s Land (2014)

Afortunadamente, el plan de expulsar a la Reina Virgen del trono y a la Pérfida Albión de las garras del protestantismo, fracasó. Y, sirvió como excusa para que audaces saqueadores ibéricos pudieran atravesar el Canal de la Mancha y regresar con un cajón repleto de bisutería anticuada y una carga de melancolía vaporosa y ligereza pop, o incluso de rotunda chulería recién importada desde los extremos del imperio. Es el caso de la madrileña Lekuona, que se ha lanzado a reivindicar el retorno al soul vintage que protagonizó Amy Winehouse, usando una voz contenida y sombría, rodeada de arreglos nostálgicos y el toque gélido de la música escupida por máquinas. El papel de Mark Ronson le corresponde a Raúl Santos, que anduvo detrás de los primeros discos de Najwa y el de la China Patino. No es la exhibición de electrónica aterciopelada que se podría esperar, pero la salida del tiesto y las dos caras de No Man’s Land contribuyen a crear el aura a este debut.

Parte del disco es un colección de temas de tono intimista y melancólicos, sobre bajos sostenidos y toques de guitarra pausados e incisivos que se cuelan en el tono de voz desganado, desengañado de Lekuona. Al menos a mi es lo que ha llamado la atención, especialmente la primera canción, No Man’s Land.

La otra faceta de este trabajo es una suerte de caja de arena donde ha adoptado los sonidos negros y los ha intentado integrar en su visión personal, en una mezcla de respeto y desfachatez: soul setentero, jazz y blues, pasados por el filtro de su peculiar manera de cantar/recitar, y que seguramente es una excusa para hacerle su personal homenaje a Amy.

El cierre, un bonus titulado Cool Artist, viene a integrar esas dos personalidades, en forma de breve experimento dub que enlaza con la italiana Suz de una manera mágica, puesto que no es viable que la madrileña la tenga como referente… o quién sabe. Aromas de pop con ritmo reggae, bajos juguetones y otra de las grandes sorpresas.

En definitiva, dentro de la incoherencia, a pesar de ser una criatura que lucha por su viabilidad, No Man’s Land es el mejor debut posible: sincero y audaz, nos muestra cuál es el bagaje, y las intenciones de su autora y deja puertas abiertas a nuevos experimentos de una voz personal y distinta.

(Quien viva en Madrid, tiene la ocasión de conocer a Lekuona en directo. Este sábado tocará en Café la Palma)

Lois y She Keeps Bees en Siroco (Madrid) el 8 de mayo de 2015

Lois es el telonero de She Keeps Bees y cantante de Trajano!. Un crooner que no se decide entre Joy Division (vaya) y Chris Isaak, y que tiene en su faceta juguetona y descarada su mayor virtud: Arrasa con cualquier género como un encantador elefante.

Jessica Larrabee de She Keeps Bees es una cachonda, capaz de hacer sufrir con canciones intensas y ceñudas y que anda como turista en primavera enamorada de Madrid. De alguna manera su cercanía va a romper una y otra vez la tensión de las canciones, y a ello se añade que se le ha roto una cuerda al fina del segundo tema. Damm it!

Ya puestos en faena recibimos la bofetada emocional que habíamos venido a buscar. Realmente no hay mucho que añadir para alguien que haya escuchado sus discos: La misma sensualidad envenenada y ruidosa, el mismo coqueteo con la psicodelia y la,solemnidad de los espirituales, el Soul y hasta las letanías de chamán, y las mismas canciones poderosas a lo PJ Harvey. Raro será encontrar un oyente decepcionado que no regrese corriendo a casa, a rebuscar entre los cds para tener más.

 

Denai Moore. Elsewhere (2015)

A Denai Moore se llega a través del veneno de la melancolía y se permanece a causa de la exhuberancia de los arreglos que remiten a Annie Lennox de una forma tan obvia que casi sorprende no haberlo leído en ningún lugar, pero ahí está ese desamor de mentira tan exagerado y esa tristeza pesada y artificiosa que rezuma de las, sin duda hermosas canciones de esta joven londinense. No light es de alguna manera el resumen de todo esto, tan poco, que intento contar, una mezcla de llanto y de himno que marca el punto más alto de sus virtudes como creadora de piezas pop/soul y el de su debut, y la canción que romperá cualquier duda a su favor.

Porque Elsewhere empieza decepcionando. Quizás porque su vídeo debut es demasiado intenso y misterioso para dejalo pasar, y uno viene preparado para sufrir de verdad. Pero no sucede, la primera escucha pasa al recuerdo como una colección de susurros bonita y poco más. El truco es pasarse a los auriculares y encontrarse con la delicada colección de colgantes de vidrio que han construido a la voz y al mundo de Denai, y que vibran en un eco sutil alrededor de sus interpretaciones creando un efecto mágico, con la extravagancia de Feist, la profundidad de James Blake y, lógicamente, la grandeza de Lennox. Demasiada solidez para un debut que hace que uno espere lo peor, y lo mejor para el segundo disco. Todo a su tiempo.

Christina Rosenvinge.

LO NUESTRO (2015)

La Rosenvinge se ha reinventado al menos un par de veces desde que se hiciera famosa con aquél dúo pop que iba a cambiarlo todo, sin contar la reinvención que fue pasar de ser una más del underground local a una estrella con sus ventajas y sus cargas. Y sin embargo ha sabido sobrevivir y renacer de una manera que pocos han podido imitar, incluso instaurando tópicos como lo de iniciar una “nueva etapa” haciendo rock con sonido americano (imitando a Springsteen, más o menos), a lo que hoy cualquier rumbero de postín se apunta.

Y aparte de la verborrea que suele poseerme cuando hablo de determinadas artistas a las que admiro/odio demasiado, con “Lo nuestro” llega la tercera, o cuarta reencarnación de nuestra nórdica local, ya dentro de los parámetros de estrella indie que ocupó y no ha abandonado desde ‘Cerrado’ (1997). Y, corregidme si me equivoco, es casi seguro el cambio de paso más interesante de los que ha hecho.

La idea de asociarse con Refree y hacer todo en un mano a mano ya es estimulante. Cierto que ha cambiado su sonido gracias a ese concepto tan de moda de hacer las cosas alrededor de una mesa camilla, en el salón de casa. El barroquismo susurrante y la mezcla de ruidos orgánicos y electrónicos, la manera de jugar con las palabrotas, con los parajes surrealistas, con la pedantería y la simplicidad son  las luces y las sombras de un disco en el que sobre todo, hay que destacar el trabajo vocal que se ha hecho, o le han hecho hacer: agudos, distorsiones, teatralidad, susurros, gritos… se acabó esa especie de letanía monocorde que eran sus discos más oscuros. Incluso se atreve a cantar como Johnny Cash en ‘Balada obscena’, canción que si funciona como cierre es precisamente por la sensación tan rara que transmite su ronquera.

No es momento de afirmar que se trata de una obra maestra o una estafa, porque la verdad anda ahí en medio. Pero con canciones como ‘La muy puta’ o -por encima de todas las cosas- ‘Alguien tendrá la culpa’, al menos será recordado como uno de sus grandes trabajos.

PRESENTACIÓN DE LO NUESTRO EN EL TEATRO LARA (MADRID)
30 DE ABRIL DE 2015.

Christina Rosenvinge le ha perdido el miedo a irrumpir en el zoo del avant-garde y al hipotético ridículo que debiera aguardarle. Ha pasado de Cohen al pop y de ahí a la psicodelia, los coqueteos jazzie y el barroquismo de tejedora y “hágaselo-usted-mismo”. Para presentar Lo Nuestro ha optado por una banda que roza el ruidismo y la sicodelia sin miedo, y ella se muestra encantada y sonriente cuando se suben a lo peor y y a lo mejor. Porque suenan como una caja de gatos agitada a mala fe, igual sublimes que chirriantes. El clímax llega con La Tejedora: Sabe replicar la exhuberancia vocal del disco y saturar de hermosura ensordecedora el Lara. Y además es el cierre pre-bises que despierta la ovación de la noche, bien merecida, y supera el otro gran momento del disco (en la medida que suena a reinvención), la Balada Obscena, que cierra también el concierto.

Ain TheMachine en Café la Palma (Madrid). 28 de abril de 2015.

Si nos parásemos a filosofar al hilo de un concierto de Diego Ain lo tendríamos difícil para detenernos. Desde la validez de su proyecto a la pertinencia de todo eso que quiere destruír, o transformar; el supuesto cambio revolucionario que trae la una vida digital que a pesar de todo necesita guerras en África, cambios climáticos y bosques arrasados para mantener encendidas las granjas de servidores, a la supervivencia del sueño de un pop  para las masas devenidas élites en un mundo en que cualquiera puede ser Hendrix haciendo “air guitar”.

En realidad su idea es muy buena, pero no va a ser él quien la lleve a buen término porque es un músico complaciente que no pretende incomodar, y hace falta un ejército de terroristas culturales para convertir la música biotronica en lo que soñaron Kraftwerk (y la legión de precursores de la electrónica que los hicieron posibles). Ain TheMachine hace pop brasileño, algo de rap y algo de house, más incursiones en géneros que pueden funcionarle en directo, como el flamenco o el dubstep, todo ello pensado para crear un set teatral y permeable a partir de la manipulación de los sonidos creados de manera poco convencional. Pero la esencia es inocente, inofensiva, y la verdadera revolución no será tan divertida.

Pero no se trata de menospreciar el trabajo hecho por Ain TheMachine, sino de situarlo en el contexto correcto. El de los feriantes simulando hombres de ciencia, enseñando la exótica máquina que imita una orquesta completa moviendo una manivela. Él es la máquina, el hombre-máquina, y una caja y un ordenador, unos cables y unos micros, son sus instrumentos. Pasen y vean, por un módico precio, las maravillas del siglo XXI. Y debéis reconocer que una verbena tiene algo que no podemos rechazar.

Quizás la próxima versión de este texto venga ordenada. Improvisar, está diciendo Diego, es lo que provoca. En cualquier caso ha logrado que varias decenas de personas salgan del Café la Palma tocando unos timbales improvisados: Felices e inocentes como niños, en una ciudad rancia y acabada que necesita más parques con arena y menos oficinistas deprimidos y reaccionarios.